Colecta anual de juguetes
Invertir en el corazón del futuro
En su esencia, Epostle siempre se ha dedicado a la siguiente generación. Entendemos una verdad sencilla pero profunda: el futuro de cualquier sociedad depende del bienestar de sus niños. No solo de su salud física, sino del cuidado de sus corazones, sus mentes y sus mundos emocionales.
Cuando las necesidades fundamentales de un ser humano no están cubiertas, ya sean nutricionales, emocionales, mentales o espirituales, el individuo sufre. Y cuando los individuos sufren, las comunidades sufren. Después de todo, la sociedad no es más que la expresión colectiva de nuestras vidas individuales. Lo que cultivamos en nuestro interior es lo que, en última instancia, da forma al mundo que nos rodea.
Este entendimiento trasciende fronteras, culturas y creencias. Aunque el alcance de Epostle se extiende a comunidades de todo el mundo, nuestro trabajo siempre comienza en casa, dentro de nuestros propios corazones, en nuestras comunidades inmediatas y entre quienes son más vulnerables: los niños, las personas sin hogar y aquellos que viven en las sombras de la adversidad y el trauma.
Por esta razón, Epostle presta especial atención a iniciativas que a menudo se pasan por alto o de las que no se habla. En muchas culturas, realidades dolorosas como la violencia doméstica o las discapacidades del desarrollo siguen siendo un tabú, lo que provoca que grupos enteros de personas no reciban atención o sean invisibles. Esta es una de las razones por las que Epostle se ha asociado con proyectos como el Hogar para personas con síndrome de Down Arev en Ereván, para llevar luz, dignidad y cuidado a quienes cuyas necesidades podrían quedar ocultas por el silencio.
Epostle existe para iluminar todos los rincones donde se necesita amor, compasión y servicio. Aunque esta misión pueda parecer obvia, es precisamente porque a menudo se pasa por alto que damos un paso al frente. Esta es nuestra visión más amplia: no simplemente responder al sufrimiento, sino ser parte de soluciones sostenibles, una inversión en nosotros mismos, en nuestras comunidades y en el futuro de la vida en este planeta.
Siempre comienza en casa
Una de las expresiones más tangibles de esta filosofía es La colecta anual de juguetes de Navidad, patrocinada por In His Shoes, un programa de extensión de Epostle. Ahora en su 19.º año, la colecta de juguetes se dedica a brindar momentos de alegría a niños que viven en hogares afectados por la violencia doméstica.
Poner un juguete en las manos de un niño puede parecer un gesto pequeño en un mundo ajetreado. Sin embargo, ese sencillo acto puede encender algo profundo: una sonrisa, la sensación de ser visto, un momento de felicidad que las palabras no pueden describir del todo. Para un niño que vive con miedo o incertidumbre, ese momento puede convertirse en un recuerdo duradero, un recordatorio de que el amor existe y de que ellos importan.
A veces, lo que parece pequeño tiene un peso incalculable. Un solo acto de generosidad reflexiva y centrada en el corazón puede convertirse en un punto de inflexión en la vida de un niño, creando un efecto dominó que quizás nunca veamos por completo. Tal vez algún día, ese niño crezca y se convierta en un adulto que ofrezca la misma bondad a los demás, continuando el ciclo de la compasión. Así es como Epostle piensa y actúa. Nuestro trabajo no solo trata de sanar hoy, sino de sembrar semillas para el mañana.
La colecta de juguetes de este año
La Colecta anual de juguetes, patrocinada por In His Shoes y Epostle.net, una vez más recolectó y distribuyó con éxito juguetes a niños afectados por la violencia doméstica. Los miembros de nuestro equipo entregaron los regalos en el Taller de Santa en la Agencia de Servicios Familiares en Burbank, donde fueron recibidos con gratitud y alegría.
Extendemos nuestro más sincero agradecimiento a todos los que contribuyeron con su tiempo, energía y generosidad a la colecta de este año. Tu participación marcó una diferencia real.
Esta iniciativa se lleva a cabo en memoria de Yvette Hakopian, quien fue brutalmente asesinada como capítulo final de un trágico ciclo de violencia doméstica. Cada juguete entregado no es solo un regalo de alegría, sino un acto silencioso de recuerdo y una declaración de que el amor tendrá la última palabra.
Como nos recuerda Jesús:
*“Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos, no sea que ellos también te vuelvan a invitar, y seas recompensado. Pero cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos. Y serás bienaventurado, porque ellos no te pueden recompensar. (Lucas 14)



