Control del interruptor de luz
Armodoxia para hoy: El camino del Adviento – Interruptor de luz
La metáfora de la luz es utilizada por Jesús en muchas ocasiones para referirse a sí mismo y, a su vez, en referencia a ti, su seguidor. “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. (Juan 8:12) En consecuencia, como portador de esa luz, él dice entonces: “Tú eres la luz del mundo... Deja que tu luz brille ante los hombres, para que vean tus buenas obras y glorifiquen a tu Padre que está en los cielos”. (Mateo 5:14-16)
No hay nada fatalista en esta afirmación. Tu bondad no está determinada por Dios ni por ninguna otra fuerza ajena a ti. Tú eres el dueño de tu propio destino. “Deja que tu luz brille”, dice el Señor. El control de ese interruptor de luz no le pertenece a nadie más que a ti.
Mientras continuamos con nuestro estudio del Sermón del Monte, la siguiente declaración de Jesús es: La lámpara del cuerpo es el ojo. Por tanto, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz. Pero si tu ojo es malo, todo tu cuerpo estará lleno de oscuridad. Si, por tanto, la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué grande es esa oscuridad! (Mateo 6:22-23)
Situados en el contexto de toda la enseñanza de Jesús, leímos ayer el axioma de que donde está tu tesoro, allí está también tu corazón. Hoy, lo material y lo espiritual se dividen en términos de luz y oscuridad.
Al final de este viaje, te encontrarás cara a cara con la Luz, primero en forma de una estrella que te guiará hacia la Luz Verdadera. Y después, estarás en presencia de la Luz para recibir la Luz. El viaje de Adviento consiste en comprender lo afortunado que eres al tener el control del interruptor de la luz. Cuando caminas en la luz, es porque has elegido hacerlo. Cuando estás en la oscuridad, es por tu propia cuenta.
Oremos desde la hora 21 de la Confesión de Fe de San Nerses Shnorhali: Cristo, Luz Verdadera, haz que mi alma sea digna de contemplar con alegría la luz de tu gloria, en aquel día en que me llames, y de descansar en la esperanza de los bienes en las mansiones de los justos hasta el día de tu gloriosa venida. Amén.
Portada: Gregory Beylerian, 2014

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