Adviento 49-50: Haciéndose carne
Día 49 de 50 de Adviento: Haciéndose carne
La tercera narración de la Natividad de la que hablé es muy distinta a las otras dos que escuchamos ayer. Sin los Reyes Magos y en ausencia de los pastores, leemos el relato del Evangelio de Juan. No es una historia de hace 2000 años, sino del principio de todos los tiempos y la eternidad. No nos conecta con Belén, Egipto o Nazaret. En cambio, nos vincula a los primeros segundos del tiempo registrado, donde la eternidad encuentra definición, donde el vacío toma forma y la luz atraviesa las tinieblas. En cierto sentido, es una revelación cósmica porque desafía el espacio y el tiempo. A los pastores y a los reyes magos, todos los entendemos. Pero esta narración es para quienes han escuchado las verdades y enseñanzas esenciales de Jesucristo. Escuchemos, pues, el relato de la Teofanía, la Revelación de Dios:
En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron.
Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para dar testimonio de la Luz, a fin de que todos creyeran por medio de él. Él no era la Luz, sino que vino para dar testimonio de aquella Luz. Esa era la Luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene al mundo.
En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por medio de Él, y el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, les dio el derecho de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre: que no nacieron de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.
Y aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan dio testimonio de Él y clamó diciendo: “Este es de quien yo decía: ‘El que viene después de mí es antes de mí, porque era primero que yo’ ”.
Y de su plenitud hemos recibido todos, y gracia sobre gracia. Porque la ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie le vio jamás. El unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer. (Juan 1:1-18)
Portada: Icono de Santa Ana, Santa María y Jesús



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