Hacia la madurez: día 38 de 40
Armodoxy para hoy: Camino a la madurez – Día 38 de Cuaresma
El tratado de San Pablo sobre el amor es un elemento básico en las ceremonias de boda y fiestas de aniversario. El amor es bondadoso, paciente, no es jactancioso ni envidioso, dice el Apóstol, entre muchas otras cualidades de lo que el amor es y lo que no es. Esta lista, de la primera carta de San Pablo a los Corintios (capítulo 13), es un gran recordatorio de esta parte tan esencial de la vida, ya sea que se lea en una boda, en una renovación de votos o simplemente como un recordatorio diario de lo que significa amar.
Más adelante en ese mismo capítulo, San Pablo hace una declaración que a menudo se pasa por alto rápidamente, pero que, tras un examen más detenido, constituye el propósito de nuestro viaje cuaresmal. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. El amor exige madurez de fe para que trascienda los escritos sentimentales de las tarjetas de felicitación y se convierta en el elemento indispensable de nuestra forma de vida. Por esta razón, en la Iglesia Armenia el símbolo del amor no es el pequeño corazón ni el querubín regordete, sino el signo de la Santa Cruz, que es el símbolo supremo del amor porque representa el sacrificio. Por lo tanto, de manera madura, con una comprensión madura de la Santa Cruz, llegamos a entender las palabras del apóstol Juan de que Dios es amor. Amor incondicional. Si tienes amor en tu corazón y si tienes amor por los demás, Jesús nos dice: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros”. Somos cristianos por el amor que compartimos y difundimos. Tan grande es esta condición en la experiencia cristiana que no amar te excluye de usar el título de “cristiano”.
Las palabras de Jesús dicen: No todo el que me dice: “¡Señor, Señor!”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?”. Y entonces les declararé: “¡Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad!” (Mateo 7:21-23)
A medida que el periodo de Cuaresma llega a su fin, hemos madurado. Debes comprender tu lugar en el mundo y el amor debe ser la fuerza que guíe tus acciones.
Tu acto de caridad hoy es reflexionar sobre la madurez que has alcanzado durante el periodo de Cuaresma. Ayuna de expresiones infantiles que carecen de significado. El platillo del menú de esta noche es salsa de durazno; encontrarás la receta en el enlace a continuación.
Oremos: Padre Todopoderoso, me presento ante ti en estos últimos días de la temporada de Cuaresma, disciplinado por los ejercicios de las últimas semanas. Imprime en mí el signo del Amor, para que siempre lo mantenga en alto como símbolo de entrega desinteresada y amor, para ser digno de ser llamado hijo tuyo. Amén.
Recetas de Cuaresma del diácono Varoujan: Receta 38: Salsa de durazno


