El camino de Dios – Día 29 de Cuaresma
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Camino de Cuaresma Día 29 – El camino de Dios
El camino de la Cuaresma es muy parecido a una escalera. A medida que ascendemos, reconocemos los cimientos que construimos con cada paso. Cada peldaño depende de los pasos anteriores que hemos dado, y el éxito de nuestra ascensión depende de que pongamos el pie con firmeza en el escalón anterior.
El paso de ayer nos presentó la parábola del juez injusto. A través de ella, Jesús nos enseñó sobre la naturaleza de la oración. Como nuestro Padre Celestial ya conoce nuestras necesidades, entendemos la oración no solo como una conversación con Dios, sino como una conversación con nosotros mismos. Al subir los escalones, llegamos a comprender a Dios como un Padre cariñoso y compasivo que trabaja con nosotros y dentro de nosotros, no fuera de nosotros. Muchas veces, nuestras oraciones se basan en la expectativa de que Dios, como Superman, vendrá bajando de los cielos para rectificar la situación en la que estamos. Cuando rezamos: "Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo", no debemos esperar que algo externo a nosotros tome el control; es decir, un efecto "Superman" por parte de Dios. Nuestra comprensión de la oración hoy es que estamos abiertos a la posibilidad de que se haga la voluntad de Dios. No se trata simplemente de sentarnos y decir: "Hágase tu voluntad", esperando que algún poder externo nos domine, sino que ahora estamos abiertos a la posibilidad de que Dios trabaje a través de nosotros. Eso significa que abrimos nuestras manos y abrazamos a quienes necesitan amor. Eso significa que damos un paso tras otro y caminamos por los senderos de la justicia. Eso significa que abrimos nuestros ojos y nuestros oídos a la justicia de Dios. Eso significa que nos convertimos en los instrumentos para hacer la voluntad de Dios aquí en la tierra. Esto es muy diferente a la oración de un hombre perezoso que desea que Dios baje de los cielos y se encargue de todas sus necesidades.
“Hágase tu voluntad” es una oración en la que nos involucramos, en la que estamos en comunión con Dios, permitiendo que Él obre a través de nosotros. Es permitir que Dios sea nuestro socio en esta vida. Esta es la oración madura del cristiano. Es el nuevo paso que damos hoy. Comprendemos a Dios a través de la conversación que mantenemos con Él. La oración es esta nueva conversación con Dios y no es una calle de un solo sentido. No es una lista de peticiones que entregamos esperando que se cumpla como si fuera Santa Claus, quien baja por la chimenea y reparte regalos según quién se ha portado “bien o mal”. Nuestros sueños pueden ser audaces, pero para hacerlos realidad, Dios obra a través de nosotros. Él se convierte en nuestro socio para que seamos sus pies, sus manos, su voz y su fuerza aquí en la Tierra.
San Pablo compara a la Iglesia con el Cuerpo de Cristo, hablando específicamente de los miembros del cuerpo en términos de manos, pies y piernas. ¿Por qué? Porque la única manera en que Cristo puede trabajar en este mundo es a través de una presencia física y un cuerpo. Y aquí está el siguiente paso hacia arriba... Has llegado al día 29, pisando los escalones anteriores y avanzando. Has hecho la transición en tu entendimiento. La oración es tu asociación con Dios.
Sí, el camino de la Cuaresma nos ha traído hasta aquí. Lo que comenzó como una aventura solitaria es ahora una asociación entre tú y Dios, entre tú y los demás. No estás solo. Hay una razón por la que Jesús dice: "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estaré yo". Él no dice: "Donde uno está reunido", porque no puede haber un solo cristiano. El cristianismo implica una comunidad. Implica trabajar juntos. La fe sin obras es vana, dice el apóstol.
En este día de Cuaresma, entendemos que la oración tendrá un significado diferente para nosotros. Las palabras "Hágase tu voluntad" serán un llamado a la acción para que abramos nuestros corazones y nuestros sentidos a la posibilidad de que el Dios Eterno del Universo trabaje a través de nosotros y no fuera de nosotros.
Pero, ¿qué pasa con los problemas que nos superan, como los terremotos, los huracanes, las enfermedades y los padecimientos? Analizaremos esos problemas mañana mientras continuamos con este hilo conductor, al dar el siguiente paso en la escalera de la Cuaresma.
Por lo tanto, para nuestra oración de hoy, recemos la oración de San Francisco de Asís.
“Señor, hazme un instrumento de tu paz. Donde haya odio, ponga yo amor;
Donde haya ofensa, ponga yo perdón;
Donde haya duda, ponga yo fe;
Donde haya desesperación, ponga yo esperanza;
Donde haya tinieblas, ponga yo luz;
Donde haya tristeza, ponga yo alegría.
Maestro, que no busque yo tanto ser consolado como consolar,
Ser comprendido como comprender,
Ser amado como amar.
Porque dando es como recibimos, perdonando es como somos perdonados, y muriendo es como nacemos a la vida eterna. Amén.”


De todos los temas que hemos discutido durante la temporada de Cuaresma, ¿alguna vez pensaste que hablaríamos sobre "socializar"? 
