Premio olímpico
Armodoxia para hoy: Premio olímpico
¡Los Juegos Olímpicos están de vuelta! Atletas de todo el mundo compiten por el oro y la plata. Cada cuatro años, esta tradición reúne a las naciones bajo el espíritu deportivo. Los mejores entre los mejores se reúnen en el escenario mundial y el planeta entero observa.
Años de entrenamiento y disciplina terminan en cuestión de minutos. Si tienen éxito, se les recuerda por unos días, quizás semanas o meses, hasta que alguien más lo hace mejor o establece un nuevo récord. Y si no tienen éxito, entonces ya están olvidados.
En los Juegos Olímpicos se respira un ambiente saludable de competencia. Sin embargo, la competencia es un arma de doble filo, pues aunque puede ser necesaria para ganar los juegos, también puede conducir a una obsesión que se interpone en el camino hacia el verdadero premio.
El oro y la plata son los premios que buscamos. El autor de Proverbios escribe: Acepta mi instrucción en lugar de plata y el conocimiento antes que el oro escogido; porque la sabiduría es mejor que las joyas, y nada de lo que puedas desear se compara con ella. (8:10)
El verdadero premio del que podemos estar seguros es aquel que nunca pierde su valor y por el cual nunca tenemos que competir: el amor de Dios. Su amor está garantizado. Nunca envejece. Nadie te lo puede quitar. Es uno de los últimos regalos gratuitos y auténticos de la vida.
La Armodoxia es la prueba, la fe de un pueblo que confió en este poder asombroso contra toda probabilidad, una certeza del amor de Dios que nunca falla. Es la seguridad de la resurrección frente a la adversidad de la crucifixión.
En el espíritu de competencia que se muestra en los Juegos Olímpicos, comprende que el verdadero premio es el amor de Dios. Y entonces…, pregúntate: ¿tiene Dios que competir por mi amor? Eso será mañana.
Hoy oramos con el Libro de Horas de la Iglesia Armenia: “Bendito seas, Señor Todopoderoso, por acompañar siempre a quienes te invocan con corazones fieles y rectos. Te pedimos que guíes y dirijas a tus siervos en este camino para que podamos crecer juntos en paz con nuestros seres queridos. Amén”.

2001 P. Vazken



2009 P. Vazken Movsesian



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