Within the Armenian tradition the Blessed Mother, St. Mary, has many names, the meanings of which, have inspired generation upon generation. These descriptive names have been given as proper names to girls in Armenian tradition. Some of them are, Srbuhi = the Holy One, Lousaper = the Light Bearer, Tiruhi = the Holy Lady, Makruhi = the Clean One, Imastuhi = the Wise One, Geghetzik = Beautiful, Anarat = The Pure One… and the list goes on.
These descriptive names highlight the virtues of St. Mary and, for us, become guiding beacons by which we pattern our life, with holiness, light, purity, wisdom and beauty.
But the most common name by which she is referred to in the Armenian Church, is a descriptor and a definition. It is, Asdvadzadzin, or the God bearer. As with all the names, especially with Asdvadzadzin, the emphasis is not on her, but on the fruit of her womb, Jesus.
Today’s one minute for Summertime.
https://epostle.net/wp-content/uploads/2025/08/MJ-Madonna-1-e1755063691530.jpg836973Vazken Movsesianhttps://epostle.net/wp-content/uploads/2022/07/final_logo_large_for_epostle_web-300x189.pngVazken Movsesian2025-08-13 00:01:292025-08-13 14:55:56¿Qué hay en un nombre?
El padre terrenal más destacado en las Sagradas Escrituras es José, el esposo de Santa María, la Santa Madre de Dios. En la Iglesia Armenia, se le conoce como Asdvadzahayr, es decir, el Padre de Dios. Ahora bien, en el caso de Santa María, aceptamos este título porque ella dio a luz a Cristo, pero nos resulta difícil comprender el título otorgado a José, ya que desde nuestros primeros días en la iglesia y en la escuela dominical, aprendimos que no existía un vínculo biológico entre José y Jesús.
Se ha escrito muy poco sobre José en las Sagradas Escrituras, pero por lo poco que sabemos, era un hombre devoto y temeroso de Dios. Conocemos su fortaleza no solo por su destreza física como carpintero, sino por su carácter moral. Él no estuvo dispuesto a desacreditar a su esposa. Siendo obediente al mensajero de Dios, incluso cuando todos los hechos le daban motivos para dudar, asumió la responsabilidad de ser el padre adoptivo de Jesús. En ese acto de compasión, José no permitió que a Jesús se le llamara “ilegítimo” ni “huérfano”. Tampoco permitió que Jesús fuera tratado como algo menos que su propio hijo.
El acto de adopción es un acto de amor y sacrificio. Como padres, amamos a nuestros propios hijos, pero amar al hijo de otra persona como si fuera propio refleja un amor muy profundo. José demostró ese amor al adoptar al hijo de María, amándolo y cuidándolo como suyo.
Cuando hablamos de los santos, ya sea de José o de cualquier otro, es fácil dejarse llevar por los detalles de sus vidas en lugar de comprender que un santo es como nosotros, con todas sus fragilidades, problemas e incluso dudas. Sin embargo, ellos son capaces de levantarse de sus dificultades y aspirar a lo divino, dándonos así la inspiración y la motivación para superar nuestros propios problemas. Es importante ver en ellos las características de las cuales podemos aprender y con las cuales podemos moldear nuestras vidas.
José establece el ejemplo supremo de vida. Vemos en él la verdadera fortaleza. Comprendemos lo que significa ser obediente a la palabra de Dios. José oró, creyendo que “hágase tu voluntad” se cumpliría cuando él, José, aceptara participar en la voluntad de Dios. De hecho, sus acciones permitieron que la voluntad de Dios se hiciera aquí en la tierra como en el cielo.
Como padre adoptivo de Jesús, José mostró valentía y un inmenso amor por su esposa y su hijo. El expresidente Barack Obama dijo una vez: “Lo que te hace hombre no es la capacidad de engendrar un hijo, sino el valor de criar a uno”. De hecho, solo por esta razón podemos entender por qué nuestros Padres de la Iglesia se refirieron a José como el Padre de Dios. José nos enseña las verdaderas virtudes de la paternidad: es el valor de dar, sacrificarse y amar a otro ser humano como si fuera propio. Él crió a Jesucristo desde la infancia hasta la edad adulta y le brindó el apoyo necesario en preparación para el ministerio divino y para que, finalmente, ascendiera a la Cruz y la venciera.
Hoy elevamos una oración por los niños y sus padres adoptivos: “Padre Celestial, por tu palabra, el mundo entero fue creado. Por tu palabra, tu Hijo fue concebido y se hizo hombre. Bendice a todos los padres de niños que han sido dados en adopción. Que estos hombres conozcan siempre tu gran amor por ellos, tal como lo conoció San José. Que estos hombres amen a sus hijos siempre siguiendo el ejemplo de San José. Concédeles tu valentía y tu paz. Amén.
https://epostle.net/wp-content/uploads/2024/06/IMG_6299-scaled.jpeg25601765Vazken Movsesianhttps://epostle.net/wp-content/uploads/2022/07/final_logo_large_for_epostle_web-300x189.pngVazken Movsesian2024-06-18 00:01:382024-06-18 05:48:54La paternidad desde la perspectiva de José