El traslado
Armodoxia para hoy: La transferencia
Transfiguración de nuestro Señor Jesucristo, parte 4
En el evento de la Transfiguración (Mateo 17:1–8, Marcos 9:2–8, Lucas 9:28–36), recibimos un destello de la Luz Divina. Es abrumador. Es la Luz mediante la cual las palabras “Que se haga la luz” (Génesis 1:2) nos hacen maravillarnos y reflexionar sobre la magnificencia de Dios.
En ese resplandor, se escucha una voz desde el cielo que dice: “Este es mi Hijo amado…”
San Juan Evangelista da testimonio de esta Luz en su Evangelio: “En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron”. (Juan 1:1-5)
Jesús dice de sí mismo: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. (Juan 8:12) Pero no se detiene ahí. Él transfiere esa luz a cada uno de nosotros. “Mas a todos los que le recibieron, les dio el derecho de ser hechos hijos de Dios…” (Juan 1:12)
Esta transferencia de Luz nos es entregada por Jesús mismo. “Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. (Mateo 5:14-16)
Reflexiona sobre esta impresionante revelación en la Transfiguración. No es solo un momento en la historia, sino un evento que te habla hoy. La Luz de Cristo —la Luz Divina— brilló y fue presenciada por los discípulos de Jesús. Y en un gesto de universalidad, Jesús transfiere ahora esa Luz de Cristo a cada uno de nosotros, con la condición de que se utilice para resaltar las buenas obras de nuestra vida y dar gloria a Dios. Piénsalo por un momento. El propósito de la Luz es para la humanidad. Es para fortalecer nuestra determinación de hacer lo que es correcto y lo que es bueno. Es para promover la paz y la justicia en nuestras vidas. En otras palabras, el mensaje del nacimiento de Jesús, “Paz en la Tierra, buena voluntad hacia los demás”, se manifiesta a través de nuestra Luz.
Oramos la oración de San Nersés para la hora 21: Cristo, tú eres la luz verdadera, haz a mi alma digna de contemplar la luz de tu gloria con alegría, en el día en que me llames; para descansar en la esperanza del bien en las mansiones de los justos. Ten misericordia de tus criaturas y de mí. Amén


