¿Mi prójimo? ¡Estás bromeando!
Armodoxy for Today: My Neighbor? You’re Kidding!
«Ama a tu prójimo», le dijo Jesús a un hombre que buscaba respuestas sobre la vida. El hombre le responde a Jesús con una pregunta que nos lleva a una de las parábolas más célebres de Cristo, la cual nos ofrece la mayor medida y definición de amor, compasión y servicio cristiano. El hombre simplemente pregunta: «¿Quién es mi prójimo?»
Jesús responde: “Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que le quitaron la ropa, lo golpearon y se fueron dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, pasó de largo. Asimismo, un levita llegó al lugar, lo vio y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó a donde estaba él y, al verlo, se compadeció. Se acercó, le vendó las heridas echándoles aceite y vino, lo montó en su propia cabalgadura, lo llevó a un mesón y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios, se los dio al mesonero y le dijo: ‘Cuídalo; y lo que gastes de más, te lo pagaré cuando vuelva’”.
Jesús pregunta: “¿Cuál de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?”. La respuesta es, obviamente, el que tuvo compasión de él. Entonces Jesús le dice: “Ve y haz tú lo mismo” (Lucas 10:25–37).
The story of the Good Samaritan has been heard from Sunday School classrooms to pulpits, from children’s books to movie screenplays, and, most importantly, has certainly stirred many people to action. Perhaps the one point that hasn’t been accented adequately is the definition of a Samaritan. We can deduce that it was a person who lived in Samaria, but the significance of that place, and the people of Samaria is what sets the parable of the Good Samaritan on fire. These were people that were looked down upon, held in very low esteem by the Jews of the time, so much so that they were outcasts from mainstream Jewish society. In John chapter 4, Jesus asks for a drink of water a Samaritan woman who responds, “How is it that You ask a drink from me, a Samaritan woman?” And the Gospel evangelist adds, “For Jews have no dealings with Samaritans.”
La armodoxia nos exige ponernos en el lugar de los demás. Nos desafía a observar el impacto total de las parábolas de Cristo en nuestras vidas. Por eso, estoy seguro de que si Jesús nos hablara hoy, adaptaría la parábola a su audiencia. El espíritu de esta parábola es comprender que el buen samaritano es aquel que es objeto de nuestra intolerancia. Si hablamos con armenios, el héroe sería un turco que saca su tarjeta de crédito y cubre los gastos del hospital hasta su regreso. Para un israelí, el héroe sería un palestino. Para un ucraniano, un ruso. Para un supremacista blanco, un hombre negro. Y para quienes se consideran justos, ¿quizás un miembro de la comunidad LGBT?
Sí, el mensaje es incómodo. Jesús no era alguien que nos mantuviera en nuestra zona de confort. El número de samaritanos en todo el mundo hoy es menor a 1,000 personas, lo que subraya aún más que el punto central de la parábola no es identificarnos con los samaritanos, sino responder a la pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?». Aquel que ofrece misericordia es a quien Jesús dirige su mensaje: «Ve y haz tú lo mismo». Hoy, se nos invita a buscar al «prójimo» en todos, incluso en un extranjero o en alguien a quien llamamos enemigo.
Oremos: “Señor Jesucristo, nos enseñaste a no juzgar, sino a vivir. Con todas las complejidades de la vida actual, abre mi corazón a tu amor para que pueda ver a mi prójimo en todos, y que los demás puedan ver a su prójimo en mí. Amén”.

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