Una tentación más
Armodoxia para hoy: Una oferta tentadora
De los miles de libros escritos sobre Jesús, a menudo elijo leer obras que me desafían a ver las cosas desde una perspectiva diferente, quizás nueva. Uno de esos libros es una obra de ficción de Nikos Kazantzakis, titulada La última tentación de Cristo. Fue escrita en 1955, causando controversia, y en 1988 fue adaptada al cine, provocando objeciones por parte de cristianos conservadores y ortodoxos.*
La historia de Kazantzakis está bien documentada y meditada. Él plantea la trama de la siguiente manera: al Mesías crucificado se le presenta su “última tentación” en la cruz. Se le da la oportunidad de ver la vida más allá de la cruz, de conocer las alegrías de la vida familiar, compartir recuerdos con amigos y vivir hasta una edad avanzada. Se le ofrece la oportunidad de tener los mismos sueños que todos los hombres y de ser como todos los hombres. Sin embargo, él resiste la tentación. Dice “no” a todas las trampas de este mundo y elige, en cambio, hacer la voluntad de Su Padre.
El don del libre albedrío, es decir, la capacidad de elegir hacer lo contrario, es uno de los regalos más grandes que Dios nos ha dado. En esta novela, se nos presenta un escenario hipotético y la oportunidad de reflexionar sobre la tentación natural de vivir sin sufrimiento y de tener una muerte pacífica. Nos brinda la oportunidad de ver la historia desde otra perspectiva.
Jesús eligió la Cruz. En esa elección descubrimos cuán estrechamente están unidos el Amor y la Cruz.
La oración de hoy proviene del Evangelio de Juan, capítulo 12, con las palabras de Jesús que dicen: De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.

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