El prefacio de Sal y Luz
Armodoxia para hoy: La serie de Adviento – Prefaciada con Sal y Luz
Comenzamos la segunda semana de nuestro camino de Adviento con dos declaraciones que establecen el propósito de las enseñanzas esenciales de Jesús en el Sermón del Monte. Aquí, él proclama la importancia de cada uno de nosotros como hijo de Dios. Él dice:
“Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué será sazonada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.
Aquí te advierte sobre lo que puede suceder por tus propias acciones. La sal, una mota de aparente insignificancia, es vital para la vida. Le da sabor a la comida, tal como es tu directriz para darle sabor a la vida. Y sin ese sabor, la sal no es más que un grano de arena. Es, como dice Jesús, “buena para nada”. Muy claramente, no pierdas tu sabor.
Él continúa: “Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre tu luz delante de los hombres, para que vean tus buenas obras y glorifiquen a tu Padre que está en los cielos”.
Jesús, quien es proclamado como la “Luz del Mundo”, ahora arroja una nueva luz sobre nosotros. Él se refiere a ti como la Luz. Tan importante es la luz para nuestra vida, que Jesús te instruye a hacer brillar tu luz: comparte tu bondad, tus talentos, con los demás.
Este pasaje de hoy sirve como prefacio al propósito del Sermón del Monte. Jesús te valida como sal y como luz, elementos importantes para aportar sabor e iluminación al mundo. Dios te ha creado a Su imagen con un propósito: para decorar, iluminar, compartir tus talentos y llevar alegría a toda la creación. No pierdas esa salinidad. No pierdas la luz. El sermón es la instrucción esencial sobre cómo no perder la bondad con la que Dios te ha dotado desde el principio. Es tuya y tú eres de Dios.
Oremos: Señor Dios nuestro, durante esta temporada de Adviento, me preparo para recibirte con asombro y maravilla. Me has dado la alegría de vivir. Ayúdame a contar mis bendiciones y a dar a conocer mis talentos para tu Gloria, para que pueda vivir bajo el estándar del Amor. Amén.

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