Más grande que Dios
Armodoxy para hoy: Serie de Adviento – Más grande que Dios
Durante este periodo de Adviento, nos encontramos con las enseñanzas esenciales de Jesús tal como las expresó en el Sermón del Monte. Hoy continuamos observando el marcado contraste entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, especialmente como se presenta en este pasaje sobre el asesinato. Jesús equipara el asesinato con la ira. “Habéis oído que fue dicho a los antiguos”, dice Jesús, “‘No matarás, y cualquiera que mate será culpable de juicio’. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje con su hermano sin causa, será culpable de juicio”. Para Jesús, la sinceridad del corazón es de suma importancia. Pero el contraste entre lo antiguo y lo nuevo quizás no sea tan pronunciado en ninguna parte como cuando Jesús ofrece la solución a nuestra ira.
Él continúa: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”.
Ciertamente, esta prescripción contrasta marcadamente con la Antigua Alianza. En los Diez Mandamientos, el código del Dios del Antiguo Testamento no debe ser eclipsado por nadie ni por nada. Los dos primeros mandamientos, articulados por Dios, son los siguientes:
“No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso….” (Éxodo 20:3-6)
Para Jesús, ¡nuestra reconciliación mutua es más importante que Dios! “…deja allí tu ofrenda delante del altar”, instruye, “y vete. Primero reconcíliate con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”.
A Jesús no le interesaban las palabras vacías. Se necesitaban acciones que respaldaran lo que decimos. El amor que nos tenemos unos a otros es nuestra expresión del amor que sentimos por Dios. Esto era tan central en la enseñanza de Jesús que fue codificado, en cierto sentido, en los escritos de San Juan Evangelista.
Hoy nos despedimos con una meditación de la Carta de San Juan, capítulo 4:
Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios; y todo aquel que ama, es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. … Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.
Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. … Si alguno dice: “Yo amo a Dios”, y aborrece a su hermano, es mentiroso; pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de Él: que el que ama a Dios, ame también a su hermano. (4:7-20)
Portada: Luna y Gregory Beylerian, 2023

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