Adviento 27-50: El imperativo del perdón
Adviento día 27 o 50: El imperativo del perdón
En el “Padre Nuestro” le hacemos muy pocas peticiones a Dios. Pedimos nuestro pan de cada día, el perdón de nuestros pecados, ser librados de la tentación y, en última instancia, del mal. Es una lista breve con exigencias enormes. De todas ellas, el perdón de los pecados destaca sobre las demás porque es la única petición que está condicionada. Cuando Jesús enseña esta oración, utiliza las palabras: “Perdona nuestras deudas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”.
¡Nuestras deudas, o pecados, son perdonadas bajo el mismo estándar con el que nosotros perdonamos las deudas, o pecados, de los demás! De hecho, este es un aspecto tan importante de la oración del Padre Nuestro, que Jesús lo refuerza con una declaración tras la oración en los versículos 6:14-15: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis vuestros ofensas a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”.
Nuestros pecados son perdonados tal como nosotros perdonamos los pecados de los demás. Si perdonas a alguien solo la mitad de su deuda, ten por seguro que Dios solo perdonará la mitad de tus deudas o pecados.
Más allá de calcular porcentajes de pecados y fracciones de perdón, Jesús nos pide que asumamos la responsabilidad de mantener la armonía en el mundo.
El mayor obstáculo para vivir una vida buena, significativa y plena es nuestro pecado. En la Iglesia definimos siete pecados “capitales”: soberbia, ira, envidia, avaricia, lujuria, gula y pereza. Hoy, tómate un momento para identificar las razones y los obstáculos que te impiden vivir una vida buena y piadosa. Descubrirás que uno o varios de estos pecados están en la raíz de tus dificultades. Tienes en ti la capacidad de ser perdonado por tus pecados. La condición es única: perdona a los demás. En otras palabras, Jesús nos pide que vivamos en armonía con todos.
No hay nadie que no peque. Solo Jesús está libre de pecado. Por lo tanto, solo Jesús tiene el derecho de juzgar a los demás, pero elige no hacerlo. Ahora es tu turno. Perdona.
Oremos,
Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre.
Venga tu reino.
Hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Y perdona nuestras deudas,
como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.
Y no nos dejes caer en tentación,
mas líbranos del mal.
Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por siempre. Amén.

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2014 P. Vazken
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