Caduceo
Armodoxy para hoy: Caduceo
El Evangelio de Juan comienza con una narrativa de “natividad” que rastrea los orígenes de Jesús hasta el principio de los tiempos. “En el principio era el Verbo”, dice el evangelista, desde donde trae a Jesús al Medio Oriente del siglo primero. Dentro de los primeros capítulos se nos presenta a Jesús, el Cordero de Dios, aquel que cambia el agua en vino y que habla sobre la transformación al nacer de nuevo, o como se expresa más comúnmente, “nacer de nuevo”. Tras un diálogo entre él y un líder religioso, Jesús hace la proclamación de que: “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él”.
Dentro de la declaración de Jesús, él hace referencia a una historia que era demasiado familiar para su audiencia, al referirse a Moisés, una serpiente y el desierto. Proviene del libro bíblico de Números, con el pueblo de Dios caminando y quejándose. “Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano. Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel. Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra Jehová, y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo. Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía.” (21:4-8)
Mirar el báculo con la serpiente era su medio de salvación contra las serpientes venenosas. Cuando Jesús dice: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”, se refiere a esta historia de las serpientes venenosas, pero también alude cautelosamente a su propia crucifixión. De hecho, él fue “levantado” para que todos lo vieran y fueran testigos. Recuerda que, cuando este Evangelio fue escrito a finales del siglo primero, la crucifixión de Jesús era un evento conocido por la comunidad de creyentes. Por lo tanto, con esta declaración, Jesús invita al oyente a centrarse en la crucifixión como un medio de salvación.
La crucifixión es lo que le da sentido a la afirmación: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito”. Veremos cómo, mientras continuamos mañana en Armodoxy para hoy.
Oremos con las palabras de San Pablo, quien dice: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo es crucificado a mí, y yo al mundo”. Amén (Gálatas 6:14)

2009 P. Vazken Movsesian
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