3:16
Armodoxy para hoy: 3:16
Vemos los números aquí y allá, en partidos de fútbol, en la base de vasos de refresco, en llaveros, en grafitis y calcomanías para autos: Juan 3:16. Es tan conocido en la cultura popular que solo los números “3:16” bastan para provocar una respuesta y actuar como sufijo en nombres de personas, lugares y grupos. Algunos llaman a Juan 3:16 el Evangelio en resumen. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito”. En efecto, resume el propósito y la intención del Evangelio, pero gracias a Dios, se nos ha dado mucho más.
Durante el ciclo anual de la Iglesia Armenia, solo hay un día en el que este pasaje se lee como la selección del Evangelio de la Divina Liturgia. Cae en este, el tercer domingo después de la Teofanía.
El Evangelio de Juan, como recordarás, presentó una narrativa de la Natividad diferente a las tradicionales que incluyen el nacimiento virginal, las visitas de ángeles, el pesebre, las estrellas, los reyes, la posada y demás. San Juan nos conecta con el principio mismo del tiempo. Hoy encontramos el otro lado del continuo temporal, es decir, la conexión con la eternidad. Escucha atentamente las palabras de nuestro Señor Jesucristo:
“Nadie ha subido al cielo sino el que descendió del cielo, el Hijo del Hombre que está en el cielo. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en Él cree no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él.
El que en Él cree no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.” (Juan 3:13-21)
Este pasaje es, de hecho, la continuación de la narrativa de la Natividad que nos ofrece San Juan. El mensaje aquí es atemporal. Se aplica a todos los tiempos. Durante los próximos días exploraremos estas palabras a fondo. Por hoy, oremos la oración de la hora 16ª de San Nersess Shnorhali: “Oh Dios mío, que abres Tu mano y llenas a todo ser viviente con Tu generosidad, a Ti encomiendo mi alma. Cuida de mí y provee para las necesidades de mi cuerpo y mi alma por siempre. Amén.

2009 P. Vazken Movsesian

2024 P. Vazken





2009 P. Vazken Movsesian
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